domingo, 2 de diciembre de 2012

El Salar de Uyuni

La reserva más grande de litio en el planeta está en Bolivia, contiene la mitad de las reservas mundiales.

Es uno de los lugares más impresionantes del mundo. Su sola visión hace que el tiempo se paralice en la retina como si hubiese estado allí siempre. El salar de Uyuni, al suroeste de Bolivia, estuvo un día bajo el mar en lo que hoy es una de las mayores cordilleras del mundo. Una meseta extensa, inhóspita, barrida por vientos y soledades, encajada en el corazón de los Andes, que se extiende a lo largo de casi 12 mil kilómetros cuadrados. La misma que el astronauta Neil Amstrong aseguró ver desde la Luna.




Además de su majestuosidad geográfica, el salar de Uyuni es una de las zonas más codiciadas del planeta gracias a las nuevas tecnologías. Las multinacionales se frotan las manos ante la inmensa cantidad de litio que alberga: 140 millones de toneladas, la mitad de las reservas mundiales. Este mineral estratégico, de color blanco plateado, se ha puesto de moda por su gran capacidad para almacenar energía. El talón de Aquiles de los modernos aparatos que nos acompañan. Los satélites, las baterías recargables de los móviles, los ordenadores portátiles, las cámaras digitales, los reactores atómicos, los vehículos eléctricos, los medicamentos antidepresivos… Nada de esto sería posible si no existiese el litio.

Fundada a finales del siglo XIX al calor de la explotación del estaño y la plata, el salar es conocido hoy por ser el centro de una nueva esperanza de riqueza y bienestar para los bolivianos. Durante siglos, su sal ha proporcionado sustento a las comunidades originarias, Quechuas y Aymaras, asentadas en los alrededores. La gruesa corteza salina oculta una sucesión de extractos de lodo y una sal rica en elementos químicos, en los que se centra la expectativa de una nueva economía rica para Bolivia. “El salar de Uyuni podría convertirse en 10 a 20 años en el centro energético del planeta”, afirma Juan Carlos Zuleta, analista de la economía del litio.

Las expectativas bolivianas nos recuerdan a las que se vivieron en África hace dos décadas cuando apareció la primera generación de teléfonos móviles. Concretamente, el descubrimiento de otro mineral estratégico llamado coltan, en la República Democrática del Congo, un superconductor, que provocó una expectativa de crecimiento económico tan grande que alimentó la codicia de los señores de la guerra locales y degeneró en un conflicto que todavía hoy perdura y que se ha cobrado más de tres millones de muertos.

Cientos de personas se mostraron esperanzadas cuando el presidente Evo Morales anunció a principios de año un ambicioso plan de inversiones para desarrollar la industria del litio, que en 2013 podría redituar a Bolivia alrededor de US$500 millones. “Se acabó la exportación de litio, queremos un Toyota hecho en Bolivia”, afirmó Morales.

El salar de Uyuni, forma junto a los salares de Atacama en Chile y Hombre Muerto en Argentina, lo que internacionalmente se conoce como “El Triángulo del Litio”. La conocida revista Forbes denominó la zona como la “Arabia Saudita del litio”, por la importancia que tendrá en unos años este mineral. Se calcula que entre los tres países andinos concentran cerca del 85 por ciento de las reservas mundiales conocidas.

Sin embargo, Bolivia encarna la contradicción entre una gran riqueza en recursos naturales y una población empobrecida. Hoy sigue siendo unos de los países de América Latina más pobres. La nueva riqueza de sus salares la enfrenta a un reto: aprovechar una oportunidad única y que sus beneficios reinviertan en su población.

El Periódico


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